La responsabilidad en las construcciones

Proyectar edificios comerciales o institucionales pensando en el medio ambiente parece ser una preocupación para muchas empresas que han apostado por edificar bajo la premisa de la arquitectura sostenible: diseñar y construir aprovechando conscientemente los recursos para minimizar y erradicar las secuelas negativas en el entorno.

Construir un edificio, espacialmente y en su concepción tradicional, implica un impacto en el medio que la rodea. No por nada, por ejemplo, la industria de la construcción es la responsable de las altas emisiones de CO2 a la atmósfera. Esto ya lo saben las empresas con conciencia de su entorno, que al edificar un nuevo proyecto piensan, como modelo de gestión, en un tipo de arquitectura que va cobrando cada vez más fuerza: la arquitectura sostenible.

También denominada arquitectura sustentable, arquitectura verde, edificios verdes, eco-arquitectura y arquitectura ambientalmente consciente, es básicamente —según Jason F. MacLenann, autor de The Philosophy of Sustainable Design— una disciplina con un “enfoque filosófico del diseño que busca maximizar la calidad del ambiente construido, minimizando o eliminando el impacto negativo en el medio ambiente”, enfoque que poco a poco está transformando al mercado de la construcción: tan sólo en Estados Unidos, el porcentaje de este tipo de inmuebles ha aumentado gradualmente, y se cree que para el 2010, el diez por ciento de las construcciones serán “verdes”, según ha comentado Jorge Kanahuati, licenciado del Diplomado en Diseño y Construcción Sostenible de la Universidad Iberoamericana de México.

C

on el fin de reducir al mínimo las consecuencias negativas en el medio ambiente y aprovechar correctamente los recursos, en este tipo de arquitectura se toman ciertas medidas precautorias, como construir considerando, por ejemplo, las condiciones climáticas del lugar, fijarse de dónde provienen los materiales (su transporte, reciclado, si implicó costo ecológico, etc.), que sean de bajo contenido y consumo energético y, en lo posible, obtener la energía de fuentes renovables.

Un cuidadoso engranaje que es puesto a prueba por quienes dan certificaciones que estipulan cuán “verde” es el edificio, pues se deben garantizar altos niveles de bienestar y desarrollo para los ciudadanos, tanto actuales como venideros.

Características

Los edificios que son fruto de la arquitectura sostenible están diseñados de manera tal, que su ciclo de vida (construcción, uso, mantención, y eventual demolición) debe ser amigable con el medio ambiente. Por eso, primero que todo, el diseño de un edificio DAC (Diseño Ambientalmente Consciente) requiere de información cuantitativa sobre el sitio donde se va a emplazar, para incorporar las medidas de diseño pasivo más adecuadas. Entre estos datos se encuentran la temperatura, la humedad relativa, la humedad absoluta, la radiación solar y la frecuencia, dirección y velocidad del viento.

También son de suma importancia los materiales usados, que muchas veces son reciclados (por ejemplo, alfombras obtenidas del reciclaje de plásticos); los sistemas de ahorro de energía, en especial de calefacción y aprovechamiento de la radiación solar, o sistemas de ventilación natural, que pueden reemplazar el aire acondicionado aún en zonas tropicales, por ejemplo.

Respecto de los residuos líquidos sanitarios, en tanto, existen algunos edificios que no tienen desagüe al alcantarillado, pues esos residuos van a un proceso de compostaje para su reutilización.

Ahora, aplicar en la construcción la arquitectura sostenible no es algo inalcanzable. Según expertos, los costos de construcción pueden ser los mismos que el de un edificio convencional, pero los costos de operación (electricidad consumida, agua, calefacción) pueden llegar a ser 30% menores, lo que pareciera justificar ampliamente la inversión.

Entre sus beneficios también podemos encontrar la reducción del impacto del consumo de recursos naturales, la mejora en la salud y la comodidad de los ocupantes, la preocupación por la infraestructura local y una mejora en la calidad de vida, entre otros.

Requisitos y certificaciones

Pero no cualquier construcción puede ser llamada “sostenible” y levantar su bandera, pues para que sea considerada como tal debe contar con certificaciones que la avalen.

El U.S. Green Building Council —una organización estadounidense no lucrativa formada en el año 2000 y con sucursales en diferentes países, que promueve la sostenibilidad en cuanto a cómo deben ser diseñados, construidos y cómo deben funcionar los edificios— ideó una manera comprensible de evaluar cuán verde es un edificio existente o proyectado, cuyo nombre es LEED Green Building Rating System —LEED son las siglas de Leadership in Energy and Environmental Design; vale decir, liderazgo en diseño ambiental y energético—.

Esta certificación es el estándar internacional voluntario y más reconocido que mide el grado de sustentabilidad en arquitectura que se basa en criterios de mercado para desarrollar edificios sostenibles de alta eficiencia.

El sistema LEED se divide en seis categorías: ubicación, rendimiento del agua, energía y atmósfera, materiales, calidad interior y diseño. En cada una de ellas, el proyecto suma puntos, siendo los 69 puntos lo máximo posible de alcanzar, aunque los rubros tienen distintas jerarquías, pues el puntaje se asigna según la importancia del aspecto evaluado.

Desde su aparición, este sistema ha sido adoptado por numerosos países, entre los cuales también se encuentran varios latinoamericanos, como Chile.

Además, esta medición ha provocado un efecto expansivo en la industria proveedora de materiales de construcción, pues están desarrollando especificaciones que recomiendan sus productos para ascender en el escalafón de puntos según el sistema LEED.

Ejemplos

La trascendencia que este tema tiene a escala mundial se constata a través de la adopción de criterios de sostenibilidad por parte de varios países, empresas multinacionales, instituciones, e incluso profesionales de la construcción y la arquitectura. Un hecho que reafirma esto es que se haya otorgado el Premio Pritzker —equivalente al Nobel en Arquitectura— al arquitecto británico Richard Roger, defensor de la sustentabilidad. El autor del Centro Pompidou de París y de la Terminal de Barajas, en Madrid, es un ideólogo de la reconversión de Londres y defiende un modelo de ciudad social y sustentable, donde se cuide el medio ambiente y se aproveche al máximo la energía.

Es significativo, también, el caso de instituciones como la Academia Mont Cenis-Herne, ubicada en Alemania, cuyo edificio concebido a través de un diseño bioclimático alcanza escala urbana, y hasta regional.

O, en el plano privado, la característica de sostenibilidad con certificación LEED del edificio de oficinas de Sánitas (Madrid), en España.

En nuestra región hay varios edificios que cumplen con esta certificación. En Chile, por ejemplo, el edificio Titanium —próximo a estar operativo— es el primero en el país en obtener la certificación, pues cumplió con todos los requerimientos, como poseer una ubicación privilegiada próxima a servicios y transporte público; ocupar sólo el 30% del terreno, dejando un amplio espacio para espejos de agua y áreas verdes; o contar con facilidades para el uso de bicicletas.? Con respecto al agua, la torre sólo cuenta con aparatos de alta eficiencia, que incluyen sistemas de control en sanitarios y en riego, para reducir hasta en 30% el consumo de agua potable.? Además, se proyecta un ahorro de 20% respecto del de energía que ocupa un edificio de su magnitud.

Pero, sin duda, destacable es la torre corporativa del Banco HSBC, en Ciudad de México —tiene 86 mil m2 de construcción—, que fue la primera construcción en Latinoamérica en obtener una certificación LEED. Este edificio, que en un principio estaba destinado a usos mixtos, fue reacondicionado y se transformaron sus interiores y su fachada por la firma internacional HOK, que cuenta con cuatro arquitectos acreditados con esta certificación, requisito para poder participar en un proyecto de este tipo.

Así, el edificio, que cuenta con tecnología IP, posee ahorro de energía gracias a que a todos les llega luz natural y porque tiene un sistema de administración de edificios que maneja el control luminario por un equipo de iluminación de Lutron, que ahorra, según el arquitecto Arturo Pérez Rivera, un 54% de la energía de iluminación —se controla luminaria por luminaria—.

El sistema de administración también maneja el aire acondicionado y su consumo de energía, para que sólo se use lo indispensable, a través de un sistema de cajas de aire de volumen variable. Destaca, también, el que las barras de servicio, donde se encuentran las fotocopiadoras y las impresoras, están cerradas dentro de locales vidriados con ventilaciones especiales para no contaminar el aire.

Otro punto es el del ahorro del agua. Para ello se tiene una planta de reciclaje de aguas dulces en el primer subsuelo, que son aguas que se reciclan para ser reaprovechadas como aguas tratadas; además, en los baños que poseen control de consumo, las descargas son de poco volumen. En tanto, en áreas verdes se tiene puntaje LEED, por ejemplo, en la jardinería del exterior, que consiste en un triángulo de tierra del lote sin edificar, que es permeable para controlar las aguas exteriores, y cuenta, además, con vegetación certificada.

Esto no es una moda ni un capricho, y bien lo saben las empresas que adoptan los criterios de sostenibilidad a la hora de edificar, para reducir cada vez más el impacto ambiental que supone toda edificación y su posterior operatividad. Pues ellas han entendido que para construir y diseñar se puede actuar responsablemente con un entorno que las acoge, pues, a fin de cuentas, ese mismo entorno es el que les permite desarrollarse.

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