Responsabilidad de todos
La legislación ambiental de cada país, que depende de su idiosincrasia, puede ser más o menos efectiva o más o menos considerada en la exigencia de tratar los residuos industriales. Pero ya es un hecho que se está creando un consenso por parte de los compradores, para discriminar a los productores que no efectúen un tratamiento con sus desechos, pues no satisfacen la normativa o ética comercial internacional.
Es así como en Europa existen registros de las empresas que tratan efectivamente sus desechos sólidos o de efluentes líquidos, y también una especie de “libro negro” de las industrias que no cumplen con ninguna ética de tratamiento, no honran la leal competencia ni respetan a la naturaleza.
En Europa, en Estados Unidos y otros países existen leyes que prohíben regar las plantas con sus propios desechos. Esto significa que no podemos regar las viñas con los desagües de la bodega elaboradora de vinos, alimentar a las vacas con harina de huesos y sangre de vacuno, o a los salmones con harina de sus propios desechos.
Entonces, tenemos como resultado dos principios éticos fundamentales:
- No se pueden tener utilidades de la producción si otros deben pagar el costo por deshacerse de mis desechos.
- No se pueden botar los residuos donde se genera el alimento de todos.
Investigaciones
En centros internacionales de investigación, consecuentes con estos principios éticos, han desarrollado tecnologías que permiten liberar a la naturaleza del enorme gasto de energía y tiempo que implica digerir los desechos de nuestras industrias. Es así como indagan en los mismos métodos que la naturaleza usa para degradar los desechos, y seleccionan los mecanismos más apropiados para ser replicados en aplicaciones específicas.
Por ejemplo, existe un mecanismo de digestión o abatimiento que emplea la naturaleza en su propia evolución, donde se utiliza el oxígeno para degradar tanto los productos orgánicos como los inorgánicos. Estos últimos, en general, son degradados por la naturaleza, exponiéndolos al oxígeno o al aire, hasta lograr su oxidación; y los orgánicos, si bien pueden ser degradados por oxidación directa, también en algunos casos, y cuando están suspendidos en el agua, ríos o mares, se pueden degradar mediante la actividad de bacterias que ocupan el oxígeno y digieren estos compuestos orgánicos —también existen algunas bacterias que, sin requerir oxígeno, pueden realizar esta misma labor.
Es por esto que la gran mayoría de las tecnologías disponibles para degradar los efluentes de las agroindustrias, pesqueras y pecuarias, emplean una tecnología común basada en entregar aire mediante pequeñas burbujas en el medio acuoso en el que están los elementos orgánicos en suspensión, para emular a la naturaleza y tener como resultado agua clara nuevamente. Pero el problema mayor se genera cuando botamos nuestros residuos en lugares considerados medulares, envenenando las napas, y sin efectuar el tratamiento correcto.
Plantas de tratamiento de agua
A pesar de que la toma de conciencia va ganando espacio, lamentablemente muchas veces se cree que sólo basta con tener una planta de tratamiento o tomar ciertas medidas para que el tema esté resuelto. Además, como el interesado no siempre tiene la expertise al respecto y existen pocas plantas que funcionen bien, se construyen unas que no dan un buen resultado, lo que se traduce en una solución que no es tal y en una gran pérdida de dinero para la agroindustria. Esta situación ha llevado a que existan muchas plantas que no funcionan c0rrectamente en algunos países, más de lo que podríamos suponer.
Es muy común encontrar plantas de tratamiento de aguas servidas de ciudad que son aplicadas al tratamiento de riles de las empresas agroindustriales, cuando, a todas luces, resulta ser un error: estas últimas funcionan en temporada, y su RIL puede salir negra un día y al siguiente verde. Éstos son algunos de los factores que, sin duda, crean una distancia considerable con la estabilidad de las aguas servidas de la ciudad. A fin de cuentas, esto corresponde a un sector distinto, y sus necesidades ameritan tratamientos específicos y diferenciados.
Ahora, también hay casos que sí funcionan. Destacable es el método Cascade, que nació en Francia y que hoy cuenta con más de 120 plantas funcionando de manera correcta en Europa, específicamente en la industria vinícola.
Este método se basa en el principio del almacenamiento en un tranque, lo que permite disminuir al mínimo la contaminación visual y el impacto en el paisaje, y consta de cinco etapas: almacenamiento ventilado, oxigenación forzada, decantación, purificación en el macizo de arena y mineralización de los lodos. Así, se tiene como resultado un trabajo silencioso, sin personal, sin químicos, y sin los típicos olores que delatan los malos tratamientos.
Malos y buenos ejemplos siempre habrá. El asunto pasa por informarse y saber cuál es el tratamiento correcto para satisfacer a los clientes, adherirse a las nuevas exigencias éticas del comercio internacional, evitar multas y cuidar el entorno en que vivimos. Además de lo anterior es necesario saber elegir al correcto ejecutor de este plan, pues sus resultados tendrán impacto sobre todos nosotros.
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