Simbiosis industrial,una vuelta de mano

Comunidades donde no hay desperdicios es la premisa de la ecología industrial, que, haciéndose cargo del modelo de los ecosistemas, plantea los llamados ecoparques industriales: comunidades en las que las empresas y las viviendas utilizan sus respectivos residuos como materia prima para ser operativas. Es el caso de la localidad de Kalundborg, en Dinamarca, que ya lleva más de 20 años estructurándose con este sistema, donde lo que les sobra a unos les sirve a otros.

La sociedad y la naturaleza son los dos principales sistemas de vida, y como tales, se necesitan mutuamente para evolucionar. El problema es que nosotros, como sistema humano, estamos sobreusando el sistema del que dependemos para vivir, lo que nos llevará a terminar viviendo en condiciones muy desequilibradas. El sistema natural siempre va a subsistir; nosotros no. Es por eso que el intento por lograr un equilibrio entre ambos sistemas pasa por un cambio de mentalidad en cada aspecto de nuestras vidas. En jerga común se dice que lo que es basura para unos puede ser un tesoro para otros.

 Esta manera de proceder trasciende esferas inmediatas y se ubica a un nivel de planificación urbana en ciertos lugares del mundo a escala industrial. Es lo que se denomina ecología industrial, y tiene su máxima expresión en los ecoparques industriales. La ecología industrial aplica la metáfora y el modelo de los ecosistemas, en cuanto sugiere que, para hacerse compatibles, los sistemas industriales deberían reestructurarse de la misma manera en que lo hacen los ecosistemas naturales. Tal como en los ecosistemas naturales —donde no hay desperdicio alguno y donde la energía o materia producida por una especie es De esta manera, los diferentes sistemas industriales se alimentarían de los flujos de materias residuales y energéticos sobrantes de otras industrias para usarlas en sus procesos productivos como materias primas.

El objetivo es que se produzca una recirculación de desechos en forma de insumos con una generación mínima de desperdicios. El caso de Kalundborg Un modelo en práctica, y que ha sido, pese a todos sus beneficios, uno de los pocos estandartes de esta simbiosis natural, es Kalundborg, en Dinamarca. Este pequeño pueblo, a 120 kilómetros al oeste de Copenhague, ha crecido alrededor de una planta termoeléctrica a carbón, donde una red de intercambios de desperdicios y energía se ha desarrollado entre una planta termoeléctrica (Asnaes), la administración local de la ciudad, una refinería, una empresa de acuicultura, una planta farmacéutica y una fábrica de paneles de yeso.

Así, en vez de que la planta termoeléctrica Asnæs operara con una eficiencia del 40% y liberara la energía sobrante a la atmósfera, se decidió proveer al pueblo del vapor sobrante y constituirse como el sistema de calefacción imperante en 4 mil 500 viviendas. La refinería Statoil y la farmacéutica Novo Nordisk se sumaron a este flujo de energía. Con el tiempo, los excesos de gas provenientes de las actividades de la refinería reemplazaron parte de los insumos de carbón para la termoeléctrica, luego de construir una unidad de recuperación de sulfuro. A su vez, parte de los desechos de agua caliente y salada —que la termoeléctrica extrae del mar para sus necesidades de enfriamiento— se la entrega a los cultivos de peces para su funcionamiento.

Por otra parte, una porción de los desechos de lodo de la farmacéutica y de la empresa de acuicultura se usa como fertilizante para la agricultura de zonas aledañas, y el exceso de levadura de la producción de insulina de la empresa farmacéutica se usa como alimento para los cerdos. Con esta interdependencia simbiótica entre procesos productivos industriales se ha logrado reducir sobremanera la contaminación del aire, del agua y del suelo, además de conservar el agua y otros recursos, lo que genera un flujo positivo de entradas económicas extras a las empresas.

Y los resultados son positivos: en 20 años, lo que se ha recuperado en ingresos y en ahorros es más del doble de lo que se ha gastado en infraestructura (transporte de energía y materiales) para hacer funcionar esta sinergia en el pueblo de Kalundborg. A fin de cuentas, una producción más limpia no sólo pasa por el uso de tecnologías más eficientes, sino que se puede lograr a través de la planificación espacial de sus operaciones y funcionamientos y el análisis de sus flujos de materiales y energía. Nuevamente, el sistema natural nos enseña, sin precio alguno, uno de sus secretos de sobrevivencia: la simbiosis natural. Tal como dijo Prabhat Ranjar Sanka: "La primera revolución es la revolución de la conciencia". Ya conocemos de dónde sacar el modelo; ahora es nuestra voluntad la que entra a pesar en el juego.

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